Cada equipo necesita un futbolista capaz de ordenar el juego. En San Martín, ese rol recae sobre Gabriel Carabajal. Sin embargo, el partido frente a Temperley dejó al descubierto que el enganche necesita algo más que talento individual para marcar diferencias. Cuando el “10” quedó aislado y sin socios cercanos, el funcionamiento ofensivo perdió fluidez y el equipo encontró muchas dificultades para generar peligro. Por eso, mientras el plantel ya piensa en la visita a Nueva Chicago, uno de los principales desafíos de Alejandro Orfila será encontrar quién puede acompañarlo para potenciar su juego y el del resto del ataque.

Hasta el partido frente a Temperley, el funcionamiento ofensivo había encontrado un equilibrio claro. Carabajal aparecía como el conductor, Bruno Cabrera rompía por la derecha, Álvaro Veliez aportaba profundidad por la izquierda y Luca Arfaras ofrecía movilidad para atacar los espacios. Cada uno cumplía un rol específico y el equipo lograba encontrar conexiones con cierta naturalidad.

Sin embargo, la ausencia de Arfaras modificó ese escenario. Diego Diellos ocupó el puesto de centrodelantero, aunque con características completamente distintas. En lugar de salir constantemente del área para asociarse, el atacante peleó casi todo el partido de espaldas contra los centrales. Eso dejó a Carabajal con menos opciones de pase y obligó al “10” a retrasarse varios metros para entrar en contacto con la pelota.

El propio Orfila reconoció en conferencia de prensa que ese movimiento terminó perjudicando al equipo. Al quedar demasiado cerca de los delanteros durante la primera mitad, Carabajal dejó sin un enlace natural a Agustín Graneros y Santiago Briñone, que nunca lograron hacerse dueños del mediocampo. El resultado fue un San Martín partido, con dificultades para progresar y demasiado dependiente de acciones individuales.

La reacción llegó recién en el complemento y tuvo un protagonista claro: Nicolás Castro. El mediocampista ingresó por Graneros a los 62 minutos y le dio otra dinámica al equipo. Se ofreció constantemente como opción de pase, aceleró la circulación y permitió que Carabajal recibiera más cerca del área rival.

Ese cambio también favoreció el posterior paso al 3-4-3. Con Castro ocupando espacios interiores y Carabajal liberado para moverse detrás de los delanteros, San Martín comenzó a recuperar la pelota más arriba y a instalarse definitivamente en campo rival. Cabrera encontró mayores espacios para desequilibrar y el equipo generó las situaciones que no había podido construir durante la primera etapa.

No parece casualidad que el empate haya nacido justamente de una acción iniciada por Castro. Su remate desde media distancia obligó al arquero a dar un rebote que Mauro Verón aprovechó para marcar el 1 a 1 transitorio.

El rol de los extremos

Esa necesidad de generar nuevas sociedades también involucra a los extremos. Frente a Temperley, Cabrera y Veliez recibieron muchas veces lejos del área y sin opciones claras para asociarse. Mientras el primero logró crecer en el complemento gracias al adelantamiento del equipo, el segundo casi nunca encontró espacios para explotar su velocidad. Si San Martín consigue que Carabajal tenga más acompañamiento por dentro, también aumentarán las posibilidades de que ambos extremos reciban en mejores condiciones y recuperen el protagonismo que habían mostrado en las primeras presentaciones del ciclo Orfila.

Con la mira en Mataderos

Ahora la pelota vuelve a quedar del lado de Orfila. El DT deberá decidir si mantiene la estructura que utilizó desde su llegada o si aprovecha lo ocurrido frente a Temperley para introducir algunos retoques.

La recuperación de Víctor Salazar, que volverá tras cumplir la suspensión, permitirá reforzar el lateral derecho. Pero la principal incógnita aparece unos metros más adelante. ¿Seguirá apostando por el doble “5” compuesto por Graneros y Briñone o Castro hizo méritos suficientes para ganarse un lugar entre los titulares?

Más allá de los nombres, la búsqueda parece apuntar a otra cuestión. San Martín necesita que Carabajal vuelva a recibir donde más daño puede hacer: cerca del área rival. Para lograrlo, el equipo deberá ofrecerle más líneas de pase, mejores sociedades y un funcionamiento que no lo obligue a bajar constantemente para iniciar cada ataque.

La visita a Nueva Chicago ofrecerá una nueva prueba para esa idea. Después de la primera derrota del ciclo, Orfila ya sabe que los rivales comenzarán a estudiar al equipo con detalle. Encontrar un socio para Carabajal ya no parece solo una variante táctica, sino una necesidad para que el “Santo” recupere la fluidez ofensiva.